
El nervio vago gobierna muchos procesos fisiológicos de los que dependen la salud y el bienestar, entre ellos la respuesta de relajación.
El nervio vago dirige muchas funciones en el cuerpo. Sin que te pares a pensar en ello, tu corazón latirá hoy 100.000 veces. Respirarás 23.000 veces. Tu sangre circulará a través de tu cuerpo tres veces por minuto, y tu hígado limpiará y desintoxicará esa sangre continuamente. La población bacteriana trabajará de forma simbiótica con tu tracto digestivo para descomponer los alimentos que ingieras y asimilar los nutrientes que requiere cada una de tus células para funcionar.
Este sistema constituye una maravilla evolutiva. Es la parte del sistema nervioso que, dicho en pocas palabras, es responsable del control de las funciones corporales que no están dirigidas de modo consciente.
Nuestro cuerpo está diseñado para vivir y sobrevivir sin necesidad del pensamiento consciente. El nervio vago es el director de la orquesta sinfónica del cuerpo humano.
A medida que los humanos evolucionamos, nuestra capacidad de pensar conscientemente aumentó de modo exponencial, debido a que los sistemas para sobrevivir se regularon de forma subconsciente o automática.
El sistema nervioso autónomo consta de dos ramas que, controladas automáticamente, intervienen en esta supervivencia:
El simpático aumenta la frecuencia cardiaca y la frecuencia de la respiración, envía flujo sanguíneo hacia los músculos y dilata las pupilas. Al hacerlo, nos permite luchar contra los estresores o “huir” y alejarnos de ellos.
El parasimpático permite relajarnos y recuperarnos de la tensión de las tareas cotidianas, y reduce la frecuencia cardiaca y la respiratoria para que respiremos de forma más profunda y plena y entremos en modo reposo. Su control depende del nervio vago, crucial para la salud.
El nervio vago es el nervio más largo del cuerpo. Da sensibilidad al oído, permite que tragues la comida, controla las vías respiratorias y tus cuerdas vocales, controla la respiración, la frecuencia cardiaca, mantiene la presión arterial óptima, las funciones del hígado, activa la vesícula biliar, controla el hambre y la saciedad, los niveles en sangre de azúcar e insulina, la función motora del intestino, la actividad del sistema inmunitario, la inflamación intestinal, o transmite la información del conjunto de las bacterias intestinales, del microbioma.
Si damos a nuestro cuerpo la oportunidad de recuperarse, puede combatir la inflamación, la obesidad, mejorar la diabetes, los problemas digestivos o las enfermedades autoinmunes.
Se puede decir que el equilibrio del nervio vago es imprescindible para una vida plena y satisfactoria.
Su desequilibrio crónico nos conduce a la enfermedad y la disfunción. Cuando los niveles de estrés permanecen demasiado elevados durante demasiado tiempo, el sistema parasimpático pierde la capacidad de funcionar.
También puede suceder lo contrario, ya que la sobreactivación del sistema parasimpático puede ralentizar la capacidad de afrontar potenciales estresores. El cuerpo, bajo constantes niveles de estrés, produce elevados niveles de inflamación y no tiene la oportunidad de recuperarse.
Nuestro cuerpo aún no ha desarrollado la capacidad de distinguir entre los distintos tipos de estresores, por lo que estresores mentales y emocionales provocan la misma respuesta que la presencia de un león, un tigre o un oso.
Nos estresamos comiendo productos altamente procesados, mientras pasamos tiempo en espacios interiores, lejos de la naturaleza. Nos preocupamos por nuestros seres queridos y olvidamos cuidar de nosotros mismos.
Si damos a nuestro cuerpo la oportunidad de recuperarse, puede combatir la inflamación, la obesidad, mejorar la diabetes, las digestiones o las enfermedades autoinmunes.
Controlar la inflamación es una de las funciones importantes del nervio vago. La inflamación es una importante respuesta para mantenernos a salvo de invasores como virus o bacterias.