Llegará un momento en el que todo lo que experimentamos haya permeado en las palabras sobre el papel y que nos sintamos ligeros, aliviados, como si acabáramos de vaciar un vaso de agua a un milímetro de rebalsar.

La escritura tiene eso: puede convertirse en una forma saludable de lidiar con nuestros estados emocionales más intensos; puede servir como recurso para conocernos mejor a nosotros mismos, para dar rienda suelta a nuestros pensamientos hasta dar con aquél que nos conflictúa en las profundidades o para acotar el bochorno mental al mínimo, a una oración breve y precisa. La escritura tiene todo eso que la hace terapéutica.

Muchos podemos relatar desde las propias vivencias cómo nos ayudó la escritura a evocar nuestras emociones y pensamientos o a tener un registro de ellas para conocernos más en detalle. También, cómo nos sirvió para tomar decisiones difíciles. A veces, estamos tan fusionados con los pensamientos que protagonizan nuestras vidas que plasmarlos en una superficie material nos permite distanciarnos de ellos. Las experiencias humanas con la escritura describen, de forma casi sistemática, cuán beneficiosa puede ser esta práctica para la salud mental. A lo largo de las últimas décadas, se han concretado diversas investigaciones con el objetivo de conocer de manera específica cuáles son los efectos de la escritura terapéutica en la salud mental.

 

La escritura terapéutica supone la utilización de la escritura como medio para lograr la reflexión acerca de una emoción, pensamiento o conflicto personal y, en última instancia, aumentar el bienestar de un individuo. En líneas generales, los ejercicios de escritura terapéutica apuntan a que la persona consiga evocar ciertos estados emocionales adrede para facilitar su procesamiento —por ejemplo, la escritura de cartas a personas a las que gustaría perdonar o a su yo de la infancia—; como así también propuestas que incentiven a la escritura automática, al comenzar a escribir “tirando de un hilo” a priori problemático, sin un rumbo fijo y sin detenerse a evaluar la calidad literaria de lo escrito.

Decimos que la escritura es terapéutica no sólo porque trae consigo una serie de beneficios psicológicos, sino también porque el hecho de escribir supone un pilar fundamental de muchos tratamientos psicoterapéuticos que cuentan con sólida evidencia científica. Muchos terapeutas proponen a sus pacientes llevar un registro de los pensamientos que aparecen en su mente cada vez que ocurre una situación problemática, como así también de las conductas que llevan a cabo tras el evento desencadenante y el pensamiento. También pueden utilizarse en terapias de exposición, pidiéndole al paciente que escriba cómo se sintió antes, durante y después de realizar una tarea desafiante. La investigación científica demuestra que completar registros es una herramienta de suma utilidad para avanzar con el tratamiento.

La escritura terapéutica tiene efectos de lo más interesantes en la salud que provienen del campo experimental. Por una parte, en ciertos experimentos los investigadores arribaron a la conclusión de que los participantes que escribieron sobre experiencias con alta carga emocional realizaron menos consultas médicas —tanto por motivos fisiológicos como psicológicos— que los controles, quienes escribieron sobre temas superficiales. Además, se ha descubierto que escribir sobre nuestras emociones tiene efectos positivos en el sistema inmunológico.

Si nos enfocamos en el plano estrictamente psicológico, los resultados son todavía más sustanciales. Escribir sobre experiencias ante las que nos sentimos enfadados produce, en el largo plazo, una mejora significativa en el estado de ánimo y en los indicadores de bienestar. No obstante, es interesante notar que, en estas investigaciones, los participantes mientras escribían acerca de sus emociones más difíciles no se sentían mejor de forma instantánea, sino que reportaron experimentar altos niveles de estrés durante el momento de escritura.

La escritura terapéutica, por más que traiga consigo grandes beneficios, requiere permitirse experimentar ese dolor con apertura, sin resistencias. Muchas terapias psicológicas se fundamentan en la premisa de que evitar experimentar el dolor emocional que acarrean algunos pensamientos y emociones no hace más que añadir sufrimiento al problema. La escritura terapéutica aparece como una alternativa a la huida; una opción distinta a la estrategia poco efectiva de escapar del dolor con actividades intensas, sustancias extasiantes o sabores estimulantes. La escritura terapéutica, por el contrario, invita a concederse el permiso y el derecho de sentir el malestar en el cuerpo en lugar de negarlo. La escritura es acampar junto al dolor.

Los beneficios de brindarse a uno mismo el espacio para procesar las experiencias más difíciles mediante la escritura son notorios en el mediano y largo plazo. Cuando escribimos, nuestro estrés disminuye por haber sido capaces de transitar esa emoción o pensamiento difícil en lugar de escapar de ellos. También, en el largo plazo, las personas que poseen el hábito de escribir a diario sobre sus emociones presentan un menor riesgo de padecer trastornos de salud mental, como depresión o ansiedad.

https://www.youtube.com/watch?v=BJ2fYIHJZmU&t=10s

¡Sumate!
PyP News
pypnews@pypnews.com

Deja una respuesta