
Cuando estás en una situación de bloqueo o estancamiento te sentís como atrapado en una tela de araña. Sin saber qué urgencia atender primero y (lo que es peor) sintiendo que hagas lo que hagas, no conseguirás liberarte.
Esto te lleva a rendirte, a no hacer cambios que serían favorables en tu vida (porque creés que no servirán de nada) y vivís con la esperanza de que un futuro benévolo, en vez de tus propios recursos, te saque de ahí.
Otras veces te bloqueas porque tenés que tomar una decisión y no sabes qué camino elegir. Te invade la desagradable sensación de que seguramente tomes el sendero equivocado. Y claro, sólo de pensar que hay un camino bueno y otros cuatro malos (que además no sabes cómo identificar) te lleva a sentir ansiedad y te paraliza por completo. Mejor no decidir que equivocarse, ¿verdad?
La primera sugerencia es que no te angusties, pues todas las etapas de la vida tienen su intención y quizás este bloqueo se convierta en una estupenda oportunidad para reorientar tu vida (las crisis son hermosas oportunidades para empezar de cero).
Paso 1. Empezá a moverte, en el sentido físico y mental. Por definición, te sentís atrapado cuando creés que no te podés mover, que no tenés alternativa. Pero en realidad ¡sí que podés! Es una ilusión pensar que estás completamente inmóvil y sin posibilidades.
Es más, cuando estés atravesando una situación de bloqueo moverte, en cualquier dirección y de cualquier manera (incluso aunque te equivoques).
El agua estancada se corrompe, se llena de bacterias y algas que la vuelven turbia. Lo mismo le ocurre a nuestra mente y a nuestro cuerpo. Si nos quedamos “fosilizados” en las mismas ideas que hace 30 años, si no cambiamos nuestra visión del mundo mientras que nuestras circunstancias sí han cambiado, nos volvemos turbios: nos llenamos de negrura, envidia, desesperación, resentimiento y malas ideas.
Para purificar el agua estancada lo primero que haríamos es hacer que circule, oxigenarla, ponerla en movimiento. Esto mismo podemos aplicarlo a nuestro cuerpo físico y a nuestras emociones: si estamos bloqueados, lo primero que debemos hacer es movernos.
A mover el cuerpo, tambalear la mente, salir de casa, interaccionar con el mundo y encontrar otras realidades.
Si se pone en movimiento la psique, ésta se cura sola. El enemigo es la inercia, sea de la energía del cuerpo, muros alrededor del corazón o actitudes fijas de la mente.
El movimiento es el remedio.
En la práctica, este acto de ponerse en movimiento puede ser: Salir a pasear, hacer manualidades, bailar, tocar el piano, lavar los platos o regar las plantas cada vez que te sientas en un estado de angustia, opresión e inmovilidad. No minusvalores el poder de mover el cuerpo a la hora de calmar la mente y el corazón; leer libros de autoayuda o artículos que te hagan pensar de forma más amplia, que te inspiren, que remuevan tus ideas acerca de lo que es o no posible en tu vida; ver películas, ir a museos o exposiciones, a la biblioteca, a restaurantes de comida rara y exótica, es interesante buscar estímulos que te hagan salir de lo conocido, que te obliguen a ver la realidad de forma diferente; hablar con personas atrevidas, alocadas, muy diferentes a vos, que te lleven a lugares poco convencionales. Una vez que hayas movilizado tu cuerpo, tus ideas y tus emociones, es el momento de pasar al siguiente paso.
Paso 2. Comenzá un nuevo hábito o poné estructura en tu día a día. Para disolver totalmente los bloqueos o la indecisión, no basta con movernos de forma caótica o hacer cualquier cosa. El paso 1 sólo es el impulso para pasar a una forma de actuar más enfocada.
Parate un momento y pensá ¿Cómo saldrías de una telaraña gigante o de una zona llena de barro? ¿Te moverías para todos lados y sin orden, haciendo aspavientos con los brazos, la cabeza y los pies? ¿O más bien seguirías una única dirección y perseverarías en el movimiento en esta línea?
Para salir del estancamiento vital no hay nada más fácil y efectivo que adquirir un nuevo hábito. Y en este punto, no importa nada cuál sea el hábito elegido, sino el proceso continuado y enfocado que seguimos al construirlo.
Es decir, el secreto para desbloquear una mente confundida es comprometerse con una acción y ejercitarla en el tiempo. Puede ser hacer deporte, escribir, decorar la casa, anotar los sueños nocturnos o tejer diez minutos todos los días, no importa la actividad que elijas, sino que seas constante en ella.
Porque el movimiento enfocado, continuo y paciente te saca del bloqueo. Y te nutre de la vitalidad que necesitás.
Paso 3. Hacer frente a los pensamientos limitantes y convertirlos en preguntas. Si has decidido moverte y posteriormente enfocarte en una actividad, es posible que vuelva la parálisis cuando te encuentres con alguno de estos pensamientos: “no puedo hacer esto”, “no sé cómo hacerlo” o “no tengo tiempo/dinero”.
Tenemos en la cabeza estas tres afirmaciones categóricas todo el tiempo: “no sé para dónde ir, por eso no actúo”, “no puedo cambiar, es muy difícil, así que ni lo intento”, “necesito más tiempo o dinero, ahora mismo no puedo hacer nada”.
Podemos pasar días y días dándole vueltas a esos “no sé, no puedo, no tengo” sin llegar a ningún sitio porque estas afirmaciones nos meten en un bucle sin salida. O bien podemos elegir transformar esas frases a preguntas y mirá cómo cambia la cosa: En vez de pensar “no puedo” lo paso a pregunta: ¿Y cómo sí podría? ¿Qué necesito para poder?
En vez de “no sé” ¿Y qué puedo hacer para saber, para encontrar la respuesta?
En lugar de quedarte atascado en el “no tengo tiempo y/o dinero” pregúntate ¿De qué forma podría conseguir más tiempo o más dinero? ¿Qué cosas puedo hacer o dejar de hacer?
Si te fijas, en el segundo caso nuestra mente se mueve espontáneamente a buscar una respuesta, ése es el gran poder de las preguntas. Lejos de mantenernos atrapados en un problema (el no sé/no puedo) las preguntas nos incitan a buscar alternativas y soluciones, ponen en movimiento nuestros recursos mentales.
Paso 4. Buscá el sentido espiritual del bloqueo. Hay una cosa más que podés hacer cuando te encontrás en esa desagradable situación de parálisis y es: encontrarle el sentido. El sentido profundo o sentido espiritual, como más te guste llamarlo.
Tal vez este paso no te interesa nada al inicio y está bien que así sea, por eso lo pongo en cuarto y último lugar. Pero cuando empieces a moverte, cuando comiences a enfocarte en un hábito y vayas superando los pensamientos limitantes, es hora de que pienses en la situación incómoda de bloqueo desesperanza que estás viviendo y que te preguntes: ¿y si está pasando por algo?
¿Y si esa apatía, esa desmotivación, esa confusión, ha ocurrido para ayudarte a encontrar una nueva manera de vivir, más alineada con lo que tú eres?
Encontrar el sentido a una situación requiere, antes de nada, analizar lo que nos ha conducido hasta ella. ¿Qué te ha llevado a ese bloqueo? ¿Has estado desconectad@ de tus verdaderos deseos? ¿Has vivido sin conciencia, sin reflexión, actuando de forma automática? ¿Te has dejado llevar por lo que querían otras personas o por ideas obsoletas? ¿Ha sido el miedo al fracaso tu gran saboteador, años y años? En definitiva, toca hacerse las preguntas: ¿Por qué estoy en este punto?, ¿Qué acciones repetidas, quizás sin darme cuenta, me han traído hasta aquí?
En segundo lugar, encontrar el sentido o propósito espiritual de una experiencia supone extraer un aprendizaje de la misma. Es bien sabido que los momentos duros de la vida pueden contener las enseñanzas más hermosas. Aunque a nadie le gustan las circunstancias difíciles, cuando las atravesamos con conciencia es cuando más podemos crecer y aprender.
Tal vez este bloqueo te ha permitido redescubrir tu fuerza interior, necesaria para encarar nuevos retos. O quizás necesitabas pasar por un período oscuro para tratar a los demás con más humildad y compasión, pues hasta ahora eras esa persona “infalible” que no se equivocaba en nada y se ponía el mundo por montera, como se suele decir.
En definitiva, en este cuarto paso se trata de que te hagas la pregunta de “¿Por qué y para qué estoy viviendo esta situación?” y muy probablemente esto te tranquilice. Cuando las personas vemos un sentido a nuestras circunstancias, cuando vemos que quizás necesitábamos vivir esos momentos de duda y dificultad, nos sentimos mejor, más plenos y una lucecita se enciende al final del camino.