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La inteligencia emocional es una habilidad que refiere a la capacidad de los individuos para reconocer sus propias emociones y las de los demás y en ese conocimiento lograr controlar y modificar muchas de sus conductas.

“Todas las personas somos seres emocionales, desde que estamos en la panza de mamá, cuando somos considerados niños por nacer, desde el quinto mes de gestación, empezamos a sentir emociones y esto conlleva hablar de las primeras sociabilizaciones del niño y lo que puede pasar con él siendo adolescente o adulto, de acuerdo a las sociabilizaciones que haya tenido y a las primera emociones que haya sentido estando en la panza”, comienza detallando ante pypnews Daniel Suárez, Master Coach en Inteligencia Emocional.

Una persona que es emocionalmente inteligente puede gestionar de manera satisfactoria todas las emociones, siempre y cuando sea para lograr resultados positivos, especialmente con él mismo en la parte interpersonal y en la intrapersonal, que es con las demás personas.

“La inteligencia emocional supone percibir las emociones, comprenderlas, manejarlas y utilizarlas en la parte social, en las relaciones interpersonales”, amplía Suárez.

Para manejar nuestras emociones es menester que las conozcamos, tanto a las positivas como a las negativas, para usarlas como corresponde en lo interpersonal y de esa manera lograr empatía y así generar buenas relaciones intrapersonales.

“Lo que buscamos con la inteligencia emocional es ayudar a los demás”.

Las emociones manejan nuestra vida. Las personas que se dejan llevar por sus emociones sin demasiado conocimiento de las mismas no pueden balancear la parte cognitiva con la emocional y eso provoca conflictos y malestar para ella misma y para su entorno.

El precursor de la inteligencia emocional fue el psicólogo Howard Gardner, en el año 1983. Pero fue el psicólogo y periodista Daniel Goleman, en 1995, quien lanzó el primer libro sobre el tema, revolucionando a los Estado Unidos y Europa, y a partir de allí las empresas comenzaron a poner en práctica estas herramientas con un resultado primario muy especial en la contratación de personal.

“Hoy en día no es suficiente tener un buen currículum y conocimiento real, porque se mide mucho más el cociente emocional que el coeficiente intelectual”, asegura Daniel Suárez, subrayando que en la Argentina este tema está comenzando después de 20 años.

“Cuando se valora a la persona de acuerdo a su cociente emocional el rendimiento en el trabajo es mayor y mejor, se valoriza la parte cognitiva porque todo lo que aprende sabe cómo aplicarlo, de una manera especial y no científica, porque teniendo cociente emocional puede llegar mejor a las demás personas”, apunta el entrevistado.

 

Según Howard Gardner hay nueve tipos de inteligencia emocional:

La inteligencia naturalista (capacidad humana para discriminar entre los seres vivos, así como la sensibilidad a otras características del mundo natural);

La inteligencia musical (nos permite reconocer, crear, reproducir, y reflexionar sobre la música);

La inteligencia lógico-matemática (capacidad de calcular, cuantificar y de llevar a cabo operaciones matemáticas completas);

La inteligencia existencial (sensibilidad y capacidad para hacer frente a profundas interrogantes de la existencia humana);

La inteligencia interpersonal (permite a un adulto hábil leer las intenciones y los deseos de los demás, aunque se los hayan ocultado);

La inteligencia kinestésica (está vinculada con la capacidad para controlar nuestro cuerpo en actividades físicas coordinadas como las prácticas deportivas, el baile y las habilidades manuales);

La inteligencia lingüística (capacidad de pensar en las palabras y de utilizar el lenguaje para expresar y apreciar significados complejos);

La Inteligencia intrapersonal (capacidad de comprenderse a sí mismo y utilizar dicho conocimiento en la planificación y direccionamiento de la propia vida);

La inteligencia espacial (capacidad de pensar en tres dimensiones y de mantener un razonamiento espacial, gráfico y artísitico).

 

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“Las que más utilizamos son la intrapersonal y la interpersonal, en ese orden”, asegura Suárez, quien comenzó a estudiar el tema en 1997.

 

La primera supone entender nuestras emociones y fundamentalmente tenerlas en cuenta al momento de algo tan importante que nos hace falta a todos los seres humanos, que es tomar decisiones y ser capaces de regular las emociones tomando buenas decisiones, según lo que amerite la situación.

“Podemos tener mejor relación con las demás personas y eso implica comprender sus emociones y tener una habilidad muy especial de reaccionar según el estado emocional del otro”, profundiza el Master Coach en Inteligencia Emocional.

Cuando tenemos inteligencia interpersonal y una buena intrapersonal tenemos que prestar más atención que hablar.

 

¿La inteligencia emocional es la gran herramienta del futuro?

“Por supuesto que sí, totalmente. El futuro está en aprender más para ser una mejor persona, ver cómo puedo ayudar más y mejor a los demás, cómo puedo mejorar como persona siendo más útil para la sociedad, con una mejor calidad de vida”, concluye de Daniel Suárez.

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Paola Ponroy
paola@pypnews.com

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