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Este 2021 la Semana de la NO Dulzura tiene como lema “¡El azúcar oculto, al frente!”. De esta forma, la campaña sale a apoyar el tratamiento en la Cámara de Diputados de la Ley de Etiquetado Frontal de Alimentos, que el año pasado obtuvo media sanción en el Senado, con el fin proteger y garantizar el derecho a la salud y a la información.

Del 25 al 31 de julio se llevará adelante la tercera edición de la Semana de la No Dulzura.

En la Argentina consumimos el triple de azúcar de la recomendada. Este exceso contribuye al drama de la obesidad y las enfermedades crónicas no transmisibles (como la diabetes, el cáncer, las enfermedades cardiovasculares y las cerebrovasculares), que son la primera causa de muerte en el país.

“Lanzamos esta propuesta con la idea de generar polémica y ruido, porque la semana de la dulzura nos parece muy anacrónica, en un momento donde la humanidad enfrenta la pandemia de la obesidad infantil, y donde dos de cada tres niños que entran al sistema escolar tiene sobrepeso u obesidad”, comenzó explicándole a PyP News Nito Anello, cofundador de @zafranok y @zafranito.

“La campaña tiene como objetivo generar conciencia del consumo excesivo de azúcar que estamos teniendo y para proponer alternativas más saludables y acordes a nuestro tiempo. La gran empresa argentina de alimentos lanzó la semana de la dulzura para promover el consumo de golosinas en kioscos, y nosotros queremos fomentar que la gente compre en las verdulerías y dietéticas, que elija mejor, que consuma frutas y verduras de estación”, agregó.

 

Más de la mitad de los productos que hoy están en góndolas contienen azúcar, y en su mayoría viene escondida entre nombres engañosos de difícil reconocimiento (como jarabe de maíz o JMAF, fructosa, sacarosa, dextrosa, melaza, panela, jarabe de glucosa, concentrado de fruta, melaza, etc.).

Por eso, la #semanadelaNOdulzura apoya la iniciativa de mandar al frente de cada envase la información (simple, clara y fácil de leer para el consumidor) sobre el contenido de nutrientes que en exceso resultan nocivos para la salud (como azúcar, grasas, sal o calorías).

“Lo que buscamos desde hace tiempo y potenciamos en la Semana de la NO Dulzura es que en la Argentina haya una ley de etiquetado frontal donde el consumidor que no está informado o no sabe interpretar el listado nutricional tenga una forma más sencilla de saber si eso que elige tiene exceso de grasa, de azúcar, de calorías, de sodio”, precisó Anello, haciendo hincapié en el proyecto de ley que tiene media sanción y se aguarda que pueda ser sancionada antes de fin de año.

“Es una ley muy resistida por la industria alimentaria y desde mi punto de vista no es la norma ideal, pero es mejor que no tener ninguna para el bien común”, opinó.

Durante esta semana de promoción también habrá acciones complementarias tendientes a reducir el consumo excesivo de azúcar. Una de ellas es debatir la incorporación de Educación Alimentaria en los colegios, el mismo año en que se promulgó la Ley de Educación Ambiental.

 

En este contexto de pandemia, cuando la obesidad infantil se está agravando, la semana de la no dulzura propone reeducar el paladar de los más chicos. Por eso, se celebra como durante la semana de vacaciones de invierno, cuando tenemos más tiempo y mejor predisposición para cocinar y probar nuevos sabores.

 

La iniciativa surgió en 2019 surgió como una reacción frente a la famosa semana de la dulzura, que nació en 1989 para promover el consumo de golosinas en kioscos.

Esta semana, en cambio, promueve una alimentación saludable y la compra en dietéticas y verdulerías.

“Todo tiene azúcar, porque dispara en nuestro cerebro el gusto y la necesidad de comer más. Es una respuesta evolutiva de muchos años, donde el azúcar era energía y es necesaria, pero en su justa medida. Los carbohidratos son parte de la dieta de la humanidad, pero se volvió excesivo su consumo. A la vez, es muy útil para la industria por su costo y eso contribuye a maximizar beneficios. Estamos viviendo un momento en el que lucro prima sobre el bien común”, lamento el creador de Zafrán y Zafranito, una empresa de tipo B, lo que supone una certificación que busca un beneficio social o ambiente por sobre lo económico.

Zafrán tiene poco más de 9 años y trabaja con alimentos integrales, tratando de bajar los niveles de azúcar en todas sus variantes. “Endulzamos con miel y azúcar mascabo, y sabemos que para el metabolismo es muy similar consumir azúcar rubia, por eso queremos moderarlo y, sobre todo, bajar el consumo de gaseosas y bebidas azucaradas, que es uno de los grandes problemas para la salud”, subrayó.

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Paola Ponroy
paola@pypnews.com

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