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El impacto del aislamiento en la salud mental

Hoy en día, la pandemia generada por el COVID 19 con sus más de 500.000 muertos en todo el mundo y sus más de 1500 muertos en nuestro país generó una profunda alteración de la vida social, política y económica.  Al mismo tiempo, el aislamiento social obligatorio y su impacto en la economía provocan una gran angustia, haciendo pensar que el remedio es más dañino que la misma enfermad.

Por otra parte, la Argentina -con sus más de 100 días de cuarentena- tiene el récord de tiempo de aislamiento social obligatorio a nivel mundial y ha superado a Wuhan, China, lugar donde se inició el foco del virus.

Un grupo de investigadores liderados por el Doctor Santiago Resett, Licenciado en Ciencias de la Educación, Licenciado en Psicología, Doctor en Psicología e investigador del Conicet llevó a cabo un estudio online con el propósito de evaluar los efectos psicológicos del COVID 19 y del aislamiento social obligatorio en la provincia de Entre Ríos

“Como bien puso de manifiesto la presente investigación entrerriana, el aislamiento social no es fácil y tiene profundos efectos psicosociales, aunque su impacto depende de las características de los sujetos y de sus circunstancias psicosociales, por ejemplo, la edad, el tener hijos o no, pertenecer a un grupo de riesgo, entre otros. Como puso de manifiesto esta investigación, el impacto del prolongado aislamiento social, no es solamente económico, sino que también deja una profunda huella psicosocial en la vida de los individuos. Sería vital que el gobierno trabaje en cómo mitigar estos efectos no deseables del aislamiento. Incluso, muchos de estos efectos psicosociales adversos podrían ser duraderos y hasta permanentes en algunos casos. Al mismo tiempo, cuando la pandemia pase y el aislamiento se levante, tampoco será fácil retomar las actividades con normalidad; por lo cual, las autoridades deberían estar trabajando también a este respecto”, resumió Resett en diálogo con pypnews, que además accedió a los resultados de la encuesta, que siguen a continuación.

El estudio encuestó a 456 personas adultas (30% varones y 70% mujeres, con edades de 18 a 68 años, con una edad media de 33,4 años), con un 36% señalando tener hijos. Ellos completaron preguntas sociodemográficas y sobre cómo había impactado el aislamiento, como tests sobre ansiedad, estrés y pensamientos sobre la muerte.

Un 2% de la muestra señalaba haber padecido síntomas de la enfermedad; un 17% estaba dentro del grupo de riesgo (adultos mayores, enfermedades pre-existentes, etc.); un 35% vivía con personas dentro del grupo de riesgo. En lo relativo a si pensaban que la cuarentena servía para prevenir la enfermedad, para el 90% de las personas, era una medida útil o muy útil y solamente un porcentaje que no llegaba al 3% no la cumplía o la respetaba poco.

En lo referente al impacto del aislamiento en la vida de las personas, un 52% sostenía que sus ingresos económicos se habían visto afectados; casi un 46%, que había tenido algunos problemas de convivencia (discusiones o peleas) por el aislamiento, mientras que un 4%, muchos problemas; más de la mitad, que sus hábitos alimenticios se habían perjudicado (comer de más, beber mucho alcohol, etc.); un 38% decía aburrirse en la cuarentena y un 17% que se aburría mucho; y alrededor de un 40%, había tenido problemas para dormir.

Con respecto a la salud mental de los sujetos, un 11% estaba muy nervioso y un 15% presentaba dificultades para calmarse. Un 35% señalaba tener miedo de morirse “algunas veces”, mientras que un 5% señalaba que “la mayor parte del tiempo o todo el tiempo” lo tenía.

Las personas de riesgos para el COVID –adultos mayores-  y aquellas que tenían hijos presentaban mayores niveles de pensamientos relacionados con la muerte y una mayor preocupación por la enfermedad. A este último grupo de personas–quizás-  se les sumaba el estrés de tener que proteger a sus hijos durante esta situación.

El grupo de personas jóvenes –entre 18 y 25 años- presentaba menores niveles de depresión, estrés y ansiedad ante la situación, probablemente debido a que este grupo percibía menos riesgo para su salud y porque la mayoría no está todavía inserta en el mundo laboral, por lo cual, el aislamiento no afectó esta importante dimensión de la vida adulta. Al contrario, muchos de ellos eran estudiantes universitarios que podían seguir estudiando online.

Por otra parte, también aquellas personas que sostenían que sus ingresos económicos se habían visto afectados por el aislamiento presentaban mayores niveles de ansiedad, estrés y pensamientos relacionados con la muerte.

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