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La ansiedad es una alarma que se nos dispara ante un peligro interno o externo. Es una respuesta física, psicológica y emocional de alerta ya que nuestra mente está continuamente trabajando y nos prepara para predecir, enfrentar o huir ante un potencial peligro.

La ansiedad en forma ocasional es algo esperable, pero cuando las preocupaciones y los miedos se vuelven muy intensos, excesivos y persistentes varias veces al día estamos frente a un trastorno que debe ser abordado y guiado.

Llevamos un año y medio tratando de adaptarnos a lo que muchos bautizaron como la nueva normalidad. Una crisis sanitaria que viene decantando cambios en la economía, la educación y también en la salud mental de poblaciones jaqueada por el miedo.

 

En diálogo con PyP Radio, la licenciada en psicología, Anabella Martínez (@anabella_martinez_psicologa) habló sobre las consecuencias que el aislamiento y las restricciones están provocando en muchas personas que se sienten imposibilitados de proyectar y, por ende, de creer en ellos mismos.

“Desde lo que percibo en los pacientes, y también en lo personal, me resuena mucho la incertidumbre, no saber cómo serán los períodos, saber si tengo confianza o no para enfrentar los nuevos desafíos; hay muchas personas con miedo, que se cuidan y cuidan a los suyos y eso imposibilita el accionar, porque tiene muchas cosas en la cabeza y se sienten limitados. La parálisis genera temor, sentimiento de culpa y mucha ansiedad” referenció la profesional.

“Hay personas que sienten que no pueden proyectar y esta sensación de que nada es concreto te inmoviliza y te conecta con la tristeza y la sensación de vacío; por eso lo más importante de esta situación es reconocer cuál es la emoción (angustia, tristeza, desgano por falta de motivación) para poder detectar de dónde provienen y si tienen un origen general, económico o relacional para que podamos intervenir no solamente con un terapeuta, sino también de manera efectiva, para poder encauzarlas”, sugirió la psicóloga.

Para Anabella Martínez en fundamental que la persona pueda reformular sus anhelos y plantearse planes de acción.

“No es perder los sueños o proyectos, tampoco postergarlos, sino reformular el plan de acción, y si en este momento no los puede hacer o no es óptimo el momento, pensar qué puedo efectuar para llegar, en algún momento, a eso que soñó”.

En este contexto y con las evidencias que comienzan a conocerse sobre las consecuencias de la pandemia en la salud mental de toda la población, Martínez hizo hincapié en la importancia de no quedarnos inmóviles, “ante la imposibilidad de hacer lo que había pensado y eso nos frustra”; por lo que la propuesta es repensar ese proyecto, con nuevos períodos, formas y recursos.

Propiciar estos cambios requieren de saber y poder tomar las herramientas que ayuden en el proceso.

“Es necesario consultar a algún especialista, que puede ser un psicólogo o alguien que desarrolle terapias complementarias, que también orientan. Creo que la consulta y el compartir con el otro es importante, porque se le quita intensidad a lo que está pasando, porque no es una cuestión individual, no es algo que solamente me pasa a mí, no me detiene solamente a mí, sino también al otro. En el compartir, en el consultar obtenemos una gran herramienta, porque si no es una sensación muy significativa que nos minimiza y paraliza”, alertó.

Al abrir y compartir lo que nos sucede, las situaciones pierden un poco de intensidad y es una estrategia a la que se puede recurrir. “Se puede consultar a un profesional que genere el registro del reconocimiento y también es algo que se aplica en la terapia cognitiva conductual, que es la que yo hago, y que es una herramienta que sirve para todas las emociones y para generar planes de acción para contextos como estos”, subrayó Anabella Martínez.

“Es importante y necesario generar un autoconocimiento. Esto es lo que deseo, lo defiendo y veo la forma de acercarme a eso y no desestimarlo; el reconocimiento lo tenemos todos, sólo hay que fortalecerlo y eso se logra haciendo hincapié en los recursos, buscado ayuda con una persona que pueda asesorarte”, ratificó.

Al respecto, insistió sobre las secuelas significativas que esta situación dejará en muchas personas, “porque no solamente acontece lo que es propio de la pandemia, sino que esta situación viene a detonar muchas cuestiones que no han sido resueltas en otro momento”, reflexionó.

“Esta pandemia vino a desatar cosas que no nos hemos dado cuenta que tenemos que trabajar, y creo que eso va a ser muy significativo una vez que esto se flexibilice, donde podremos dimensionar el desgaste provocado, no sólo en lo económico, sino en lo emocional y psicológico”, avizoró.

“También creo que hay un gran porcentaje de personas que van a salir fortalecidas en función de sus recursos, sintiendo que transitaron turbulencias de las que pudieron salir”, alentó Martínez.

Ansiedad, depresión

A más de un año del inicio de la pandemia, lo que subyace es un fuerte limitante desde el accionar completo; porque no hay campañas preventivas de salud mental desde lo público, donde el recurso está devastado. Tampoco hay recursos humanos, porque se están destinando para otro tipo de intervenciones.

“Las obras sociales también están poniendo resistencias para que se pueda brindar el servicio, ya sea online o presencial”, lamentó la profesional.

Al haber desgaste, es difícil concentrarse en el otro, habilitar la empatía, confiar en un proyecto, en un emprendimiento, y en nuestras capacidades. Hay incertidumbres que conectan con lo personal y con la inseguridad propia.

Si la salud mental no funciona todo lo demás tiene un tiempo de caducidad, porque nos enfermamos, dejamos de relacionarnos, de creer y confiar en nosotros.

“La base de todo es la confianza en uno mismo, es el recurso propio que nos acompaña siempre y ante cualquier contexto”, sentenció Anabella Martínez.

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Paola Ponroy
paola@pypnews.com

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