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Orthomolecular significa equilibrio molecular, por lo que la terapia orthomolecular es un área de la medicina que se encarga de estudiar cómo se puede restablecer la calidad de vida de la persona.

En la Argentina no está muy difundida esta terapia, que tiene su origen en el Ingeniero Químico Linus Pauling, creador de este término en 1968 y galardonado dos veces con el premio Nóbel (en 1954 de Química y en 1962 de la Paz), siendo pionero en describir el origen molecular y atómico de las enfermedades, en un trabajo exhaustivo basado en el uso de la vitamina C.

Sobre la base de conceptos de bioquímica lo que se busca es mejorar la calidad de vida, ya sea para una persona sana que quiere desacelerar la línea de envejecimiento, o con una persona con alguna enfermedad, principalmente crónica (hipertensión, diabetes tipo II, autoinmunes como hipotiroidismo de Hayimoto, artritis, lupus, vasculitis) y ayudarlos a que mejoren su calidad de vida a través de distintas estrategias terapéuticas; complementando con vitaminas, minerales, ácidos grasos, fitoterápicos (derivados de las plantas), usando dosis mayores a lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS), con el objetivo de llegar a un rango terapéutico. Un ejemplo de ello es la vitamina C, la OMS sugiere una ingesta diaria mínima para no enfermar de 60 miligramos, que es lo que tiene en promedio un cítrico; si se lo emplea para hacer un tratamiento orthomolecular se utilizan dosis mayores y esa es la diferencia que puede hacer un médico que emplea esta terapéutica.

“La mayor diferencia está en la dosis, que el médico va monitoreando de acuerdo a la respuesta que va dando cada paciente”, comenzó explicando la doctora Carla Armándola (MP 11764).

En diálogo con pypnews la ginecóloga y obstétrica especializada en medicina orthomolecular subrayó que, con esta terapia, dependiendo la manera en que quiere enfocarla cada profesional, se pueden tener beneficios estéticos, preventivos o paliativos, complementado con otros tratamientos médicos que puedan estar llevando adelante los pacientes.

“Yo lo encaro desde la parte clínica”, aclaró.

Esta terapia actúa y complementa muy bien en prevención y en patologías crónicas.

“Se puede hacer de manera preventiva, con una persona sana de cualquier edad que de pronto quiere hacerse un chequeo y ver qué requiere ajustar o suplementar. Para ello, observamos la actividad que realiza, vemos cómo están sus ritmos circadianos, de alimentación, de sueño, hormonal y qué objetivo tiene: uno puede querer una prevención en general, otro porque estudia y trabaja puede pretender estar más concentrado y lúcido, y en base a eso se va corrigiendo y elaborando un plan terapéutico acorde a la persona, y a lo que viene a buscar”, detalló Armándola.

En este sentido, hizo hincapié en que “tomar a una persona sana es ideal, porque se previenen patologías”.

¿Qué logra la terapia orthomolecular en las personas enfermas?

Dependiendo de la patología, y teniendo en cuenta que hay algunos límites a nivel metabólico muy difíciles de retrotraer, se pueden lograr significativas mejorías.

A un paciente con diabetes le mejora su perfil glucémico y los ayuda a bajar la dosis de la medicación tradicional; de todos modos es un trabajo de los dos, porque no es mágico, pero principalmente el esfuerzo más importante es de él y va a lograr a mediano o largo plazo modificar su estado y tener que bajar las dosis y revertir. Con la hipertensión sucede algo similar, se mejora la calidad de vida y se puede llegar a bajar las dosis de las drogas hipertensivas y mejorar su estado”, garantizó Carla Armándola.

Para una persona con artrosis o artritis también funciona muy bien, “porque toda enfermedad autoinmune tiene una base de inflamación celular y lo primero que se va a tratar de hacer es disminuir esta inflamación y, en consecuencia, esa patología irá teniendo un curso donde, en principio, no haga tantos picos agudos y se mantenga mucho más estable. Mejora mucho la calidad de vida, sin curar la enfermedad, pero de pasar a tener dolor todos los días se logra que sean más esporádicos y menos intensos”, precisó.

¿Se puede emplear esta terapia en personas que tienen cáncer?

El cáncer tiene varias líneas de tratamiento, y la medicina orthomolecular le mejor el perfil a nivel metabólico, y eso favorece la evolución con el tratamiento que le está indicando el oncólogo.

“Lo primero que se advierte es que alguien que está haciendo quimioterapia presenta los efectos adversos de manera más solapada; por eso se puede trabajar de manera complementaria con los tratamientos que le indiquen”, destacó la médica.

“El cáncer tiene múltiples factores. Una persona con mucha inflamación por mala alimentación, a nivel metabólico está jugando a favor de la enfermedad; con esta terapia se puede modificar el ambiente interno del paciente para que sea desagradable o inhóspito para el cáncer y beneficioso para la persona y ahí se complementa con la terapéutica que elija el oncólogo”, amplió.

“Trabajamos en mejorar la estructura y los tejidos que se forman constantemente por lo que ingerimos y respiramos. Con esta terapia mejoramos la estructura para que funcione mejor, y con buenos hábitos se puede vivir más en salud que en enfermedad”.

El tratamiento es un acto médico con una primera entrevista, que generalmente es la más larga, donde el profesional médico hace una historia clínica con un examen físico; luego, le realiza un test de oxidación in vitro con una gota de sangre que indicará cómo está funcionando su sistema antioxidante y en base a eso el médico se orienta acerca de lo que necesita el paciente.

La suplementación puede ser vía oral, es lo que generalmente se usa, también puede plantearse endovenosa para complementar. La frecuencia y lo que se usa dependerá de cada paciente.

Se trabaja con recetas magistrales, es decir que el médico indica las vitaminas, minerales, ácido graso y la dosis en comprimidos o cápsulas.

“Ver qué hábitos nutricionales tiene la persona, sus ciclos de actividad haciendo mucho hincapié en un buen descanso, en que su mayor actividad sea durante el día y evite el sedentarismo, es la base para resolver con cada persona cómo se comienza con el tratamiento”, precisó.

No hay una edad definida para iniciar el tratamiento, idealmente se sugiere comenzarlo antes de los 30 años para incorporar buenos hábitos en un momento en el que nuestro cuerpo, a nivel biológico y enzimático, funciona muy bien. Luego, lentamente empieza a funcionar más lento y eso se acrecienta con cada década, en el proceso normal del envejecimiento.

“Con esta terapia no se detiene el envejecimiento, pero se mejora la calidad de vida. La persona no va a vivir más años, pero tendrá mayor calidad de vida”, ratificó la entrevistada.

“Es fundamental actuar en la prevención, que sirve mucho en todo lo que son patologías crónicas, y también contribuye a que la persona sana no tenga enfermedad instalada; no obstante, una vez que desarrolló una afección con esta terapia le va a mejorar la calidad de vida y llegar, en algunos casos, a la curación”, valoró Armándola.

Las enfermedades no tienen una sola causa. Hay factores genéticos, pero tampoco es condición sine qua non. Nuestros hábitos nutricionales y nuestro ritmo de vida pueden hacer que ese gen se exprese y tengamos la enfermedad, o podemos lograr, con prevención, que esté reprimido y así no desarrollar la patología.

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Paola Ponroy
paola@pypnews.com

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