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La alimentación es producto de un conjunto de factores sociales, económicos y culturales. Los hábitos alimentarios de una población se ven influidos en gran medida por la disponibilidad, el costo y la variedad de alimentos, pero también por la costumbre, las creencias, la información que circula acerca de los alimentos y los hábitos alimentarios, los estilos de vida y los grupos de pertenencia, entre otros factores.

Según la 2° Encuesta Nacional de Nutrición y Salud realizada en 2019, el sobrepeso y la obesidad son las formas más frecuentes de malnutrición y continúan aumentando en nuestro país.

Este documento muestra que la proporción de sobrepeso, obesidad y exceso de peso entre los 5 y 17 años es de 20,7%, 20,4% y 41,1%, respectivamente.

Asimismo, señala que los niños, niñas y adolescentes tienen patrones alimentarios menos saludables que los adultos y afirma que consumen un 40% más de bebidas azucaradas, el doble de productos de pastelería o productos de copetín y el triple de golosinas.

Esta problemática de origen multicausal impacta negativamente en la salud y en la calidad de vida de la niñez, aumentando la prevalencia de enfermedades crónicas no transmisibles asociadas, como diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, artrosis, cáncer, entre otras; situación que pone en riesgo el derecho a una alimentación adecuada y que además genera una importante carga para el sistema de salud.

Con estas evidencias y la certeza de vivir en un contexto que atenta contra la correcta nutrición de la población, calando más profundo en las generaciones futuras, pypnews dialogó con la Licenciada en Nutrición MP15497 Laura Larrateguy  (@laura_educacionalimentaria) para conocer los desafíos que se trazan quienes apuestan a una alimentación saludable, consciente en una cruzada contra las corporaciones alimenticias y mediáticas que están atentando contra la salud física y mental de millones de personas.

“Los desafíos que hoy tenemos como profesionales es justamente empezar a replantearnos y cuestionarnos los alimentos que normalmente estábamos acostumbrados a prescribir y recomendar; hay que empezar a leer bien el origen, su composición y cuando realizamos búsquedas bibliográficas observar los posibles conflictos de intereses, es decir, quién escribe la nota, si está financiado y por quién”, comenzó explicando.

Si leemos algo de la Sociedad Argentina de Nutrición tenemos que ver si no está la firma Arcor detrás”, amplió. Sobre esta cuestión, Laura Larrateguy hizo hincapié en la idea publicitaria de “la porción justa”, impulsa, precisamente, por esta reconocida firma de golosinas.

Al respecto, existe evidencia que ubica a la publicidad de alimentos y bebidas no saludables como uno de los principales contribuyentes y factores de riesgo de la obesidad infantil.

“Dicen que podemos comer la porción justa de ciertos alimentos que en exceso están contraindicados, y eso es una mentira, es muy deshonesto planteárselo a una persona porque todos estos alimentos tienen aditivos y químicos que contribuyen a que uno no puede controlar la porción, justamente, porque todo está puesto para que haya más consumo y más ventas”, alertó.

Según el “Estudio exploratorio sobre la promoción y publicidad de alimentos y bebidas no saludables dirigida a niños en América Latina y el Caribe” de UNICEF en 2015, debido a la falta de madurez y desarrollo cognitivo, los niños, niñas y adolescentes son especialmente vulnerables a ser persuadidos por las estrategias de marketing de productos de bajo valor nutricional. Se ha demostrado que la promoción y publicidad de alimentos con elevados contenidos de grasas, azúcares y/o sodio influye en las preferencias, solicitudes de compra y consumo, particularmente en la infancia.

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El gran desafío que todo esto nos plantea es conocer los alimentos que no estamos acostumbrados a consumir, porque a partir de eso vamos a poder indicarlos y recomendarlos, vamos a poder enseñar a hacer distintas preparaciones, aliarnos con personas que sean especialistas en el tema, como cocineros y profesionales, y saber cómo podemos cocinar la quinoa o el mijo, qué opciones de alimentos salen de una legumbre y cómo se preparan correctamente; ahora se está incursionando mucho en la utilización de legumbres para preparaciones dulces, que antes, en la Facultad, era impensado”, subrayó la Licenciada en Nutrición egresada en 2008 de la Universidad Adventista del Plata.

“Además, debemos impulsar el trabajar en equipo; porque que casi el 50% de los niños y niñas presenten obesidad infantil tiene que ver con que todos somos un poco responsables. Tenemos que sentarnos a dialogar los pediatras, nutricionistas, psicólogos, terapistas ocupacionales y todos lo que tengan que ver con la nutrición o la alimentación de un niño para ponernos de acuerdo e ir todos para el mismo lado”, arengó.

 

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Sobre el final de la charla, la profesional recordó que las bases de una alimentación saludable, respetuosa del niño y de la persona comienzan con la indicación de la lactancia materna, con el acompañamiento y el sostén de la madre que desea amamantar. “Luego, con una alimentación complementaria oportuna, es decir, a los seis meses, no antes ni después, con alimentos reales y no ultraprocesados y continuar con la ingesta de alimentos reales para asegurarnos que la salud de ese niño que está creciendo esté lo más cercano posible a lo óptimo. De esta forma, estaríamos ayudando a resolver las cifras alarmantes de obesidad infantil, ahí está la clave, el tema es que nos pongamos de acuerdo los profesionales que tenemos que ver con la alimentación del niño en prescribir los mismo, indicar, acompañar y sostener a las familias que deseen hacerlo”, concluyó Laura Larrateguy, quien hizo su tesis en un jardín de infantes donde comprobó que teniendo como materia la educación alimentaria los niños de 4 y 5 años logran aceptar mejor sus alimentos o modificar sus preferencias alimentarias.

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Paola Ponroy
paola@pypnews.com

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